24 de julio de 2007

¿Por qué te sientes tan bien cuando ves las estrellas?

Las estrellas sólo pueden inspirar pensamientos enormes, dudas insondables, sentimientos tan inexplorados como la distancia entre la más cercana de ellas y nuestro muy pequeño planeta (en términos astronómicos, por supuesto. Porque sin este ínfimo conjunto de seres sobrevalorados el cosmos no sería más que un grupo de bolas de gas flotando por ahí mientras acaban de consumirse. Sin alguien, el universo no sería nada). Por eso llevo mucho más tiempo del habitual tratando de hacer este post. Son ya varias las veladas que me he sentado frente a la computadora tratando de decir cualquier cosa, pero sólo doy con mi imposibilidad para seguir escribiendo.
La pregunta se me ocurrió hace varias noches, después de haberme acostado por horas en el pasto tratando de ver estrellas fugaces. Vi al menos cinco. En los lapsos en que ninguna caía yo platicaba con una amiga sobre los pocos temas posibles en esa circunstancia; el menos profundo se relacionaba con la teoría de la evolución y sus inútiles intentos por hacernos entender la diversidad de seres en el mundo. Ella citó a un ministro que afirma que se necesita más fe para creer en Darwin que en la Biblia; yo le dije que lo único posible es que los dos estén equivocados. ¿Puede una mente incapaz de comprender el tiempo que la luz de un astro tarda en llegar a la Tierra explicar tan siquiera a un microbio?
Cuando me fui a dormir, me di cuenta de que no sabía cuánto tiempo estuve tirado con la cara hacia el firmamento. Estoy seguro de que tú lo has hecho alguna vez, porque desde que el animal racional se ganó el adjetivo, ha sido inevitablemente atraído por las esferitas luminosas que cuelgan sobre su cabeza cada vez que se pone el sol. Según antrópologos como Julio Amador a esa propensión debemos lo que somos hoy, porque cuando los cavernícolas se dieron cuenta de que hay regularidad en los ciclos celestes comenzaron a buscarla en todos los demás aspectos de la vida. Esta curiosidad es lo que permitió que la especie indagara, descubriera y avanzara hasta llegar al momento en que tú y yo podemos compartir pensamientos a través de un blog.
Así que, en cierta forma, somos hijos de las estrellas. Por eso verlas se siente tan bien y hablar sobre ellas es imposible. Toda reflexión alrededor de los astros acaba siendo sobre nosotros. Por eso este post parece tan poco inspirado. Por eso me siento tan pequeño. Carajo.

Esta vez, dejo que el video diga lo que yo no puedo. Espero que después de verlo, te sientas igual que yo, muajajaja...
Quien habla es Carl Sagan, que buscó en el cosmos el sentido de nuestras existencias y se hubiera ofendido profundamente con el cura que dice lo de
Darwin y la fe.

3 comentarios:

emmanuel dijo...

Neta tengo que tomar clase con Amador :D

Con respecto a la pregunta... cuando te tumbas panza arriba a ver las estrellas, me parece te encuentras en el panorama más contemplativo que se le puede presentar al ser humano.

Pues sólo te encuentras observando; pero no observar una diversidad infinita de formas, colores, tonalidades (al menos no perceptibles) el conjunto se reduce, y al observar el manto estelar, te das cuenta de que quien observar eres tú, y te empiezas a observar a tí (es una especie de rara meditación involuntaria).

Y sobre el video, me parece que cada quien lo tomará dependiedo su estado de ánimo (eso también se encuentra implicado en la observación de estrellas, un obrero que se tiene que levantar a las 4 de la mañana no estará de humor para contemplar el firmamento... habrá sus rarísimas excepciones).

paovaldivieso dijo...

yo adoro tirarame ha ver las estrellas y mas cuando estas en provincia, y puedes contemplar en todo su esplendor el cielo estrellado, un beso , cuidate

MARIA CECILIA dijo...

No hay nada mejor que contemplar un "cielo estrellado" desde la playa o desde algún pueblito donde haya poca electricidad siendo tan interesante el tumbarnos boca arriba para pensar, como vulgarmente se dice, en la "inmortalidad del cangrejo", y buscar siempre aquella estrellita de la cual somos dueños (en cosas del amor, algunos tenemos la dicha de poseer una :) )

Es algo extraño, tal vez el darnos cuenta y contemplar el cielo TAN GRANDE y realmente ver que nosotros somos TAN PEQUEÑOS...

Pero hay algo que si hay que agregar, es algo FANTÁSTICO el contemplarlo y agradecer a Dios (o al Ser Supremo de su elección), por regalos tan maravillosos como un lindo cielo estrellado.

Muy bueno tu blog, me encanta saludos... tqm